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Me da vergüenza publicar en LinkedIn: por qué te pasa y cómo superarlo

Omar López

Sabes que publicar te vendría bien. Lo tienes claro. Pero cada vez que vas a soltar algo, te frena una sensación incómoda: qué van a pensar. Que si van a creer que me lo tengo muy creído, que si un excompañero se va a reír, que si voy a hacer el ridículo. Y al final no publicas.

Si te pasa esto, no eres raro. Es de lo más común entre profesionales serios, precisamente porque te importa tu reputación. Vamos a ver de dónde viene ese pudor y cómo darle la vuelta.

Por qué te da vergüenza (y por qué es normal)

El pudor a publicar tiene una raíz sencilla: te da miedo el juicio de la gente que te conoce. No te importaría tanto contar algo delante de desconocidos. Lo que incomoda es que te lean tus contactos, tus excompañeros, tu competencia. Gente cuyo respeto valoras.

Y ojo, esto le pasa más a los buenos. El que no tiene nada que perder publica cualquier cosa sin pensarlo. El que ha construido una reputación de años se lo piensa mucho, porque siente que tiene algo que proteger. Tu vergüenza es, en el fondo, una señal de que te tomas en serio tu trabajo. El problema es que esa misma seriedad te está dejando invisible.

La verdad incómoda: casi nadie te está mirando tanto

Aquí va algo que quita mucha presión. Piensas que todos van a analizar tu post con lupa. La realidad es que la mayoría lo va a leer por encima, en diez segundos, mientras hace scroll en una cola. La gente está demasiado ocupada con lo suyo como para dedicar tiempo a juzgarte.

El foco que crees que tienes encima no existe

Hay una cosa curiosa de la cabeza humana: cada uno se cree el centro de su película, así que sobreestima cuánto lo miran los demás. Tú te acuerdas de tus propios posts durante días. Del post de otro no te acuerdas ni al día siguiente. Con lo tuyo pasa igual. Ese juicio masivo que temes casi siempre es un público imaginario.

Empieza por lo que no te expone tanto

Si aun así te cuesta, no hace falta que arranques contando tu vida. Empieza por lo que te resulte más cómodo y ve subiendo.

Habla de tu trabajo, no de ti

Contar un caso que resolviste o una lección de tu oficio expone mucho menos que hablar de ti mismo. Hablas de lo que sabes, que es terreno seguro, y de paso demuestras tu nivel sin tener que ponerte en primer plano. Es la puerta de entrada más cómoda.

Cuenta las cosas como las dirías en persona

Buena parte del pudor viene de intentar sonar como crees que hay que sonar en internet, con un tono serio y forzado que no es el tuyo. Si en vez de eso cuentas las cosas como se las contarías a un colega tomando algo, se te va la mitad de la vergüenza. Porque ya no estás actuando, solo hablando.

La constancia mata la vergüenza

Aquí está la parte buena. El pudor se cura publicando. Los primeros posts dan corte, es verdad. El quinto ya menos. Al décimo te da igual. Es como hablar en público: la primera vez tiemblas, y a base de repetir se convierte en algo normal.

El truco no es esperar a que se te vaya la vergüenza para empezar. Es empezar para que se te vaya. Y para eso ayuda que publicar sea fácil, que no se te haga una montaña cada vez. Si en lugar de sentarte a escribir puedes soltar la idea hablando, en un audio corto, y que otro le dé forma de post, el pudor pesa menos. Hablar es lo que llevas haciendo toda la vida. Ahí no hay pantalla en blanco que te juzgue.