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Cómo empezar a publicar en LinkedIn desde cero

Omar López

Tienes un buen perfil profesional, años de experiencia y la sensación de que deberías estar publicando en LinkedIn. Pero nunca has soltado nada. Y cuanto más lo dejas, más cuesta empezar, porque parece que todo el mundo ya sabe cómo va menos tú.

Buenas noticias: empezar es más fácil de lo que parece, y no hace falta ninguna fórmula secreta. Aquí tienes los primeros pasos, ordenados y sin la presión de hacerlo perfecto desde el primer día.

Antes de publicar: revisa lo básico de tu perfil

No hace falta un perfil de manual, pero sí que quien llegue a él entienda en tres segundos a qué te dedicas y a quién ayudas. Cuando publiques algo que funcione, va a entrar gente a mirar quién eres, así que conviene que lo primero que vean tenga sentido.

Mira tu titular, esa línea que va debajo de tu nombre. Que diga qué haces y para quién, en cristiano, no un cargo interno que nadie de fuera entiende. Y revisa que tu foto sea una foto normal de una persona de fiar. Con eso ya vas servido para empezar. No te obsesiones con dejarlo perfecto, porque eso es otra forma de no empezar nunca.

Tu primer post: qué contar cuando no has contado nada

Aquí viene el bloqueo clásico. ¿Qué publico lo primero? La respuesta es más sencilla de lo que crees: algo de tu trabajo real, contado como se lo contarías a alguien.

Preséntate sin que parezca un currículum

Un buen primer post es contar quién eres y por qué haces lo que haces, pero de verdad, no en plan lista de méritos. Qué te llevó a tu oficio, qué tipo de problemas te gusta resolver, qué clase de cliente sale contento de trabajar contigo. Eso conecta mucho más que soltar tu trayectoria como si fuera un documento oficial.

O arranca con un caso que resolviste

Si lo de presentarte te da corte, empieza por un caso. Un cliente que tenía un problema, lo que hiciste, cómo acabó. Es concreto, demuestra que sabes de lo tuyo y no habla de ti directamente, que para el primero suele ser más cómodo.

Con qué frecuencia empezar

Olvídate de publicar todos los días. Al principio eso es imposible de sostener y no hace falta. Empieza con una vez por semana. Un día fijo, el que te venga bien, y a partir de ahí ya subirás cuando le cojas el aire.

Lo importante al arrancar no es el número. Es no desaparecer después del segundo post. Vale más una vez por semana durante tres meses que cinco posts en una semana y luego silencio absoluto.

El error que frena a casi todos al empezar

Hay una trampa que hace que la mayoría no pase del primer intento: creerse que el post tiene que quedar perfecto. Escribes algo, lo lees, te parece flojo y lo guardas para darle una vuelta. Esa vuelta no llega y ahí muere.

Al empezar nadie te está mirando con lupa. Tienes el lujo de poder soltar posts regulares sin que pase nada, porque todavía te está conociendo poca gente. Aprovéchalo. Es justo ahora cuando puedes practicar sin presión. El perfeccionismo es el mayor enemigo del que empieza.

Cómo hacértelo fácil desde el primer día

El motivo real por el que la gente no arranca no es la falta de ganas. Es el trabajo que da cada post: tener la idea, sentarte, pelearte con la pantalla en blanco, revisar. Para alguien que no lo ha hecho nunca, eso impone.

Hay una forma de saltarte casi todo ese trabajo desde el principio. En vez de sentarte a escribir, habla. Cuando se te ocurra algo que contarías a un cliente, grábate un audio de un par de minutos explicándolo con tus palabras. Hablando te sale más natural y sin bloqueo. Luego ese audio hay que convertirlo en un post, recortando y ordenando, que es el trabajo de un editor.

Así empezar deja de dar pereza, porque no tienes que aprender a escribir para redes. Solo tienes que contar lo que ya sabes.