Persona grabando una nota de voz con el móvil al lado de un portátil con un documento en blanco

Lo que escribes no suena a ti: la culpa es del modo redacción

Omar López

Sentarte a escribir te mete en modo redacción: un registro que no es el tuyo, introducción, tres puntos y conclusión. Hablando aparecen los ejemplos concretos y el orden en que las cosas se entienden. Salvo en dos casos, donde es mejor escribir.

Esto no va de cuál es más rápido. Va de que el texto que sale es distinto y la diferencia se nota al leerlo.

Prueba una cosa antes de seguir. Coge algo que sepas explicar bien, de tu oficio. Cuéntalo dos veces. Primero escríbelo. Después borra todo y cuéntalo hablando, como si tuvieras a alguien delante. Lee los dos textos seguidos. En la mayoría de los casos el segundo es mejor, no porque hayas pensado más.

Hablar o escribir un post: qué te hace el modo redacción

Sentarte a escribir te mete en un modo concreto. Llámalo modo redacción.

Ahí sale un registro que no es el tuyo. Empiezas a usar palabras que no dices nunca en voz alta. Aparece la estructura de siempre: una introducción para calentar, tres puntos numerados y una conclusión. Te pones a vigilar la ortografía, la frase te sale más larga y se te va el tono de persona.

También se te va lo concreto. Escribiendo se tira hacia lo general, hacia el consejo que vale para cualquiera. Por eso tanto profesional bueno publica cosas que suenan a manual: no es que no tengan nada que contar, es que la pantalla les saca la versión neutra.

Y encima está la reescritura. Lees lo que has puesto, no te convence, cambias el principio, le quitas una frase. Media hora después sigues en el primer párrafo.

Lo que cambia al contar el post en voz alta

Hablar te pone en el modo de contárselo a alguien. Y ahí cambian tres cosas.

Primera: aparecen los ejemplos solos. Cuando explicas algo en voz alta te sale el caso concreto, el cliente de hace dos años, lo que pasó en aquella reunión. Escribiendo esos ejemplos no vienen porque estás pensando en cómo suena la frase, no en la historia.

Segunda: el orden es mejor. Hablando cuentas las cosas en el orden en que se entienden, que casi nunca es el orden de introducción, desarrollo y conclusión. Empiezas por lo que enganchó, porque si no la otra persona se aburre. Eso, escrito, funciona igual de bien.

Tercera: son tus palabras. Tu forma de rematar, las comparaciones que usas siempre, el chiste seco que haces cuando algo te parece una tontería. Eso es lo que hace que un texto suene a ti. Es lo primero que se pierde escribiendo.

El audio en bruto es ilegible: rodeos y falta de gancho

Ahora la otra cara, porque si no parece que hablar es magia.

Un audio transcrito tal cual es ilegible. Damos rodeos. Repetimos la misma idea tres veces con palabras distintas. Empezamos una frase, la dejamos a medias y arrancamos otra. Metemos muletillas cada diez palabras.

Y hay una cosa más. Hablando no hay gancho. Como quien te escucha ya está ahí, no necesitas atraparlo en la primera frase, así que arrancas por el contexto. En un post eso es mortal, porque las dos primeras líneas deciden si alguien sigue leyendo.

Por eso el audio no es el resultado final, es la materia prima. Hace falta un trabajo de edición después: quitar los rodeos, juntar lo repetido, subir arriba la frase que estaba en el minuto tres. Ese trabajo es mecánico y lo puede hacer otro. Lo que no puede hacer otro es tener la idea y el ejemplo, que es justo lo que pones tú.

Cuándo conviene escribir: datos, pasos y temas delicados

Hablar no es mejor para todo. Decir lo contrario sería engañarte.

Si el post lleva datos, cifras o una secuencia exacta de pasos, escribe. Hablando los números se dicen mal y el orden se lía.

Si es un tema delicado, donde cada palabra cuenta porque puede ofender a alguien o comprometerte, escribe y revisa despacio.

Para todo lo demás, que es la mayoría de lo que vas a publicar, hablar te da mejor material. Tus opiniones, lo que has aprendido, lo que te ha pasado esta semana, eso sale mejor contado.

Hablar no te inventa el material que no tienes

Un aviso, porque esto se vende mal por ahí.

Hablar te saca mejor tu material. No te inventa material que no tienes. Si te sientas a grabar sin nada en la cabeza, lo que sale es un audio de tres minutos dando vueltas a una obviedad. Y una obviedad contada con tu voz sigue siendo una obviedad.

Lo que hace falta antes es haber vivido algo esta semana y haberte fijado. Una conversación que te dejó pensando. Un cliente que te preguntó algo que nadie pregunta. Una opinión que tienes y que en tu sector no dice nadie en voz alta.

Con eso, hablar funciona muy bien. Sin eso, no hay herramienta que salve el post.

Hay una señal que lo resume. Fíjate dónde se te ocurren las cosas buenas.

No se te ocurren delante del ordenador. Se te ocurren conduciendo, saliendo de una reunión, hablando con alguien en una comida. O sea: se te ocurren hablando o pensando en voz alta, nunca escribiendo.

Entonces tiene poco sentido que el único momento en el que te dejas capturar esas ideas sea justo el que peor funciona para ti.