
Marca personal para consultores: ¿de verdad merece la pena?
Si eres consultor o asesor y llevas años en tu oficio, seguramente la palabra "marca personal" te da un poco de pereza. Suena a gente joven haciéndose fotos, a frases motivacionales, a postureo. Piensas que tú vives de tu trabajo bien hecho, no de aparentar en internet. Y en parte tienes razón.
Pero hay una pregunta que conviene hacerse antes de descartarlo del todo: si tu trabajo es tan bueno, ¿por qué no te llegan más clientes de los que te llegan? La respuesta a eso es justo de lo que va la marca personal, aunque no sea lo que te imaginas.
Qué es de verdad la marca personal (y qué no es)
Vamos a quitar el ruido primero. La marca personal no es hacerte influencer. No es publicar frasecitas de superación ni bailar delante de una cámara. No es fingir que tu vida es perfecta.
La marca personal es, simplemente, que la gente de tu sector sepa que existes y sepa de qué vas. Nada más. Es la diferencia entre que cuando alguien necesita lo que tú haces piense en ti, o piense en otro. Puesto así, no suena a postureo. Suena a lo que siempre ha sido tener buena reputación, solo que ahora se juega también en internet.
Por qué el mejor no siempre gana
Aquí está lo incómodo. En tu sector hay gente que sabe menos que tú y tiene más clientes. Lo has visto. Y duele, porque parece injusto.
No es que el mercado premie a los malos. Es que el cliente no puede medir quién sabe más. Tu cliente no es del gremio, no tiene ni idea de tu oficio, por eso te contrata. Entonces, ¿cómo elige entre tú y otro? No por nivel, porque no sabe medirlo. Elige por quién le suena, por quién tiene en la cabeza cuando le surge la necesidad.
El cliente no contrata al mejor. Contrata al que conoce
Piénsalo con cualquier servicio que tú contratas y del que no entiendes. Cuando necesitas un buen abogado o un buen electricista, no haces un examen para saber quién es el mejor. Llamas al que te suena, al que alguien te recomendó, al que viste hace poco. Tu cliente hace exactamente eso contigo. Y si no te ha visto nunca, no estás en esa lista.
El coste de ser el secreto mejor guardado de tu sector
Ser muy bueno y que no se te conozca tiene un coste que no se ve en el momento, y por eso es tan traicionero. No pierdes clientes de golpe. Los pierdes de uno en uno, sin enterarte. El encargo que se fue a otro. La recomendación que no llegó a tu nombre porque en ese momento no estabas en la cabeza de nadie.
No es una caída que notes. Es un goteo lento. Y mientras, tú sigues pensando que con hacer bien tu trabajo basta, porque el número no baja de repente. El problema es todo lo que podría haber entrado y no entró.
Entonces, ¿merece la pena para un consultor?
Sí, y por una razón muy concreta: en tu caso el trabajo difícil ya está hecho. Tienes el conocimiento, la experiencia, los años. Lo único que te falta es que se sepa. Y eso es lo fácil, comparado con lo que ya has conseguido.
No hace falta que te conviertas en un creador de contenido a jornada completa. No hace falta publicar todos los días ni aprender a editar vídeos. Con aparecer de forma regular, contando lo que sabes con tu voz, ya te pones por delante de la mayoría de tu competencia, que no aparece nunca.
No necesitas más talento. Necesitas dejarte ver
Esta es la parte buena de todo esto. La marca personal para un profesional con experiencia no va de aprender algo nuevo ni de ser otra persona. Va de coger lo que ya tienes dentro y sacarlo fuera. El muro nunca ha sido tu nivel. Ha sido el trabajo que da convertir lo que sabes en algo publicado, semana tras semana.
Quita ese trabajo del medio y la marca personal deja de ser una tarea pesada. Se convierte en lo que siempre debió ser: contar lo que ya sabes, para que la gente que te necesita sepa que estás.


