
Qué publicar en LinkedIn cuando no se te ocurre nada
Te sientas con la intención de publicar algo en LinkedIn. Abres el cuadro de texto. Y ahí te quedas, mirando el cursor que parpadea. No se te ocurre nada que merezca la pena. Al rato lo cierras y lo dejas para otro día que casi nunca llega.
Si te pasa esto, que sepas que no es un problema tuyo. Le pasa a casi todos los profesionales que saben mucho de lo suyo y poco de redes. Y tiene una explicación sencilla, además de una salida que no depende de tener más imaginación.
Por qué te quedas en blanco (y no es falta de ideas)
El bloqueo no viene de que no tengas nada que contar. Viene de que estás buscando en el sitio equivocado.
Cuando te sientas delante de la pantalla en frío, tu cabeza se pone a buscar "un tema para un post". Algo que suene profesional, que aporte, que quede bien. Y claro, así no aparece nada, porque le estás pidiendo a tu yo cansado de las ocho de la tarde que invente de cero algo interesante. Eso no es fácil para nadie.
El detalle importante es este: las ideas buenas no se te ocurren delante del ordenador. Se te ocurren trabajando. En una reunión, resolviendo un problema de un cliente, explicándole algo a alguien del equipo. En esos momentos sí que dices cosas que valen. Lo que pasa es que ahí no las apuntas, y cuando llegas a la pantalla ya se han ido.
Deja de buscar temas. Mira tu propio trabajo
La solución no es exprimirte para encontrar el tema perfecto. Es cambiar de sitio donde buscas. En vez de mirar la pantalla, mira lo que has hecho esta semana.
Un problema que le resolviste a un cliente
Piensa en el último cliente al que sacaste de un apuro. Qué le pasaba, qué solución le diste, qué aprendiste tú por el camino. Eso, contado tal cual, es un post. No hace falta adornarlo. Alguien que tenga ese mismo problema y te lea va a pensar que entiendes de lo que hablas, porque lo has vivido.
Un error que cometiste y qué sacaste de él
Los profesionales tienen pánico a contar lo que salió mal, y es justo lo que más engancha. Un proyecto que se torció, una decisión de la que te arrepientes, algo que harías distinto hoy. Contar eso no te hace parecer débil. Te hace parecer humano y de fiar, que es lo que busca quien va a contratarte.
Una opinión que tienes y que va contra la corriente
Después de años en tu oficio, tienes opiniones que chocan con lo que se dice por ahí. Cosas que la mayoría hace de una forma y tú sabes que están mal. Suéltalas. Una opinión con fundamento es de lo que mejor funciona, porque abre conversación y te separa del que repite lo de siempre.
No busques ser original. Busca ser tú
Aquí está la trampa en la que cae mucha gente: se creen que para publicar hay que decir algo que nadie haya dicho nunca. Y como eso es imposible, no publican.
No necesitas ser original. Necesitas ser tú. Tu forma de explicar las cosas, tus ejemplos, tu manera de ver tu sector después de tantos años. Eso ya es único, porque no hay otro que lo haya vivido igual que tú. Dos personas pueden contar el mismo consejo, y ganará la que lo cuente con su historia detrás.
Cómo no perder las ideas buenas
El problema de fondo sigue ahí: las ideas se te ocurren cuando estás ocupado, no cuando te sientas a escribir. Así que el truco no es acordarte mejor. Es capturarlas en el momento.
Cuando estés conduciendo, saliendo de una reunión o dándote una vuelta, y se te venga a la cabeza algo que le explicarías a un cliente, no te digas "luego lo apunto". Ese luego no llega. Grábate un audio de un par de minutos contándolo como si se lo dijeras a alguien de viva voz. Ahí, en caliente, es cuando mejor lo cuentas.
Después ese audio hay que convertirlo en un post. Recortar lo que sobra, ordenarlo, dejar arriba la mejor frase. Ese es el trabajo de un editor, y es justo lo que te ahorra la fricción de sentarte con la pantalla en blanco.


