Pantalla de ordenador con un borrador de post a medio escribir y el cursor parado

100 vistas y 3 likes: las dos trampas por las que no te lee nadie

Omar López

Hay dos caminos cuando decides publicar: pulir el post hasta que se queda en el cajón, o dejar que una máquina lo escriba. El primero acaba en 100 vistas y 3 likes. El segundo, en un texto que te borra de la lista de tu posible cliente.

Parte 3 de 6. Vimos que no publicas porque es una cadena de más de 8 pasos. Ahora vamos a ver por qué lo que probaste no te funcionó.

Cuando alguien se da cuenta de que tiene que publicar, suele tirar por uno de dos caminos. Los dos parecen que funcionan, la teoría es buena, la práctica ya es otra cosa.

Los dos son un callejón sin salida. Te los cuento para que no pierdas meses en ellos, como los perdí yo. Con que uno de los dos pierda el tiempo es suficiente.

La trampa del post perfecto: 3 horas y al cajón

Consigues sentarte, escribes algo, te lo lees y piensas: esto no está a la altura. Todo después de 2 horas de trabajo, que como vimos, publicar un post parece una tarea sola, pero realmente son muchas unidas. No es algo que lleve 10 minutos hacerlo y a otra cosa.

Le quitas una coma. Le cambias el principio. Lo lees otra vez. Ahora no te convence el final. Al final lo guardas para darle una vuelta con la cabeza más fresca. Mañana ya lo revisas, que primero se saca todo lo que tienes dentro y al día siguiente se edita sin piedad.

Ya sabes cómo acaba. En el cajón, con los demás.

Parece exigencia. Parece que eres serio. Pero la verdad es que es miedo.

Miedo a equivocarte en algo y que se te tire todo el mundo.

Miedo a tirar por tierra toda tu experiencia y que piensen que no sabes nada.

Llevas años de reputación a la espalda y te da pánico hacer público algo que piensas que puede ser regular, que alguien piense que ya no eres el de antes. Así que no publicas nada, esperas a ese post perfecto, a esa tesis doctoral.

Publicas uno cada dos meses, cuando la culpa de ni publicar (cuando sabes que lo tienes que hacer) no te deja dormir. Artículos supertrabajados que cada uno te llevó 3 horas. Una maravilla, de 10. Los dejaste perfectos, no quieres fallar a nadie y mucho menos a ti.

El resultado: 100 vistas y 3 likes, 2 de tus amigos o familiares.

Ahí confirmas tu teoría. Esto no es para mí. Y te encierras un poco más. Te autoflagelas.

La trampa de la máquina: posts de LinkedIn en serie

El segundo camino es el de la máquina. El que está de moda. Todo el mundo lo hace. Total, como es tan facil, no tienes ni que hacerlo tú.

Te vuelves loco por no publicar y un día en redes sociales lees al guru de turno que hay programas que escriben solos. Que lo hacen perfecto, que no tienes que hacer nada.

- “Esto es para mí, lo que andaba buscando. Como soy malo y un vago para publicar, pues dejo que una máquina lo haga por mí.”

Le pides que te llene el mes de posts y te los suelta en un minuto. Ahí lo tienes, el problema resuelto. Qué fácil, qué maravilla. O eso parece.

No lo es. Porque todos esos posts suenan igual.

A hecho en serie, a molde, a vacíos, no transmiten nada. Las redes se han llenado de eso: textos clonados, el mismo ritmo, las mismas cuatro palabras de moda.

Y la gente ya está cansada, se da cuenta muy rápido. Lee dos líneas y ya sabe que ahí detrás no hay nadie. Que no les va a aportar nada leerlo. Mucho menos van a conectar contigo. Porque no hay nada que conectar.

Y lo peor es que ese post resta, es mejor no publicarlo.

Hay estudios que preguntan a directivos (a los que deciden compras de verdad, tu cliente) y casi la mitad reconoce que un contenido flojo y de relleno le ha hecho tachar de su lista a quien lo publicaba.

No es que les diera igual. Es que hay gente publicando con una máquina porque es muy cómodo y fácil, que está eliminando poco a poco a sus posibles clientes de la lista sin saberlo.

Publicar el típico consejo que todo el mundo repite, escrito igual que todos, sin alma y vacío, es pegarte un tiro en el pie con tu propio nombre. Es mejor que no publiques a hacer eso.

Por qué te contratan tus historias, no los consejos

Porque a ti no te contratan porque digas un consejo motivador en un post, ni digas lo bonito que es usar esta herramienta o la otra. O lo maravilloso que es ver el atardecer.

Por aquel proyecto que salió mal y cómo lo arreglaste.

Por la pelea con un cliente y lo que aprendiste.

Por tu forma de ver las cosas después de veinte años en el barro.

Nada de eso lo tiene un programa, porque no lo ha vivido.

Son tus historias, lo que te ha pasado, quién eres. Así es como conectas con tu audiencia. Contando lo que te pasó a ti. Porque eres una persona que tiene cientos de historias interesantes a lo largo de una semana.

Eso es lo que de verdad vale en redes sociales. Más ahora que está lleno de post hechos con máquinas. Una historia real pasa por encima de todo eso.

Las dos trampas acaban igual: sin clientes

Mira las dos trampas juntas. Una te hace no escribir por miedo a que sea malo lo que escribes y pierdas tu reputación. La otra te hace hablar todo el rato, pero como un folleto, sin sonar a nadie. Parecen opuestas y acaban en el mismo sitio: sin clientes.

Ni callarte por perfecto ni sonar a robot por cómodo. Hay una tercera y es más fácil de lo que parece: sonar a ti, sin que tengas que dedicarle horas al día y sea tu segundo trabajo.

Ojo, esto no va de escribir bonito. No hace falta que seas un escritor. Lo que la gente quiere de ti no es prosa de premio, es tu forma de ver las cosas.

Lo bueno ya lo tienes, es tu experiencia. Eso es lo que vale miles de euros. El problema no es que escribas mejor o peor, eso es lo de menos.

El problema es toda la cadena que hace falta para hacer un único post. Más de 8 pasos que llevan varias horas.

En el siguiente email vamos a ver cómo funciona cuando lo haces bien y los números que lo demuestran. Porque esto está medido, hay estudios. Y los números te van a sorprender.